Mostrando entradas con la etiqueta LA historia de Gonzalo Da Silva. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta LA historia de Gonzalo Da Silva. Mostrar todas las entradas

lunes, 25 de abril de 2011

La Historia de Gonzalo 7º Capítulo "La ansiada llamada"

Día: Martes
Hora: 8.00 am
Lugar: Aula nº 6 de la Universidad de medicina de Asturias
Objetivo: Terminar cuanto antes el último examen para abrir el “súper” cajón de mi entrada.
Acabé el examen, y el señor Trenado me entregó un folleto con la fecha en la que se celebraría la fiesta de graduación y en la que nos darían el título a todos aquellos que hubiéramos superado todas las asignaturas.
Me dirigí a casa, andando a un paso extremadamente rápido, un calor insoportable me quemaba la nuca y parte de la espalda, mi Renault estaba en el taller y no podía esperar el autobús, estaba demasiado nervioso para esperar cualquier cosa, la paciencia no formaba parte de mis cualidades, no al menos en ese momento.
Abrí la puerta, después el cajón, y ansioso cogí el folio, intacto, a pesar de haber permanecido esperando largas semanas, marqué los números, esta vez no había marcha atrás, ya había terminado el examen por lo que tenía total y absoluta libertad para llamar y lo más importante, el permiso de mi padre.
Piiiii…sonó el primer tono…piiiii, segundo tono y antes de llegar al tercer tono el teléfono se descolgó.

-Diga- Contestó una voz femenina, no esperaba a una chica pero me valía cualquier tipo de ayuda o pista.
-Hola buenos días, soy Gonzalo Da Silva ¿Con quién tengo el placer de hablar?
-¡Qué bien hablas chico! Pensé que en la fiesta te di mi número, no el de mi padre.
-¿Sara? ¿Eres tú?-Pregunté con cautela y un poco de asombro.
-Pues claro canijo, dime ¿Por qué llamas a mi padre?
-Verás Sarita…es una larga historia, pero tengo que hablar con él, es bastante importante-Expliqué
-Vaya, pues lo siento cielo, no está en casa, se fue al trabajo, pero si quieres puedo darte la dirección, ¿Qué me dices?-Preguntó
-Me vendría genial, muchas gracias Sara...emm oye…ahora mismo tengo unas cosas pendientes de solucionar, pero me encantaría volver a verte.
-Uff, pensé que no me lo dirías nunca, sigues siendo tan tímido como siempre. Hablamos pronto entonces. Chao cielo-Contestó ella.
Esta vez sí cogí el autobús, la dirección estaba cerca, pero no lo suficiente como para ir a pie.
Llegue al lugar y allí estaba el padre de Sara, Lito, así es como lo llamábamos en la familia, me recibió con un enorme abrazo y me hizo pasar a su despacho. Ya no tenía confianza con aquel hombre, pero un recibimiento así siempre es agradable. El señor Lito me explicó que la chica que trabajaba con él se jubilaba en breve, y que estaría encantado de que yo ocupara ese puesto, dada mi impresionante carrera, mi responsabilidad y todas esas cosas que se suelen decir cuando quieren contratarte.
No supe que hacer, ¿realmente había esperado este tiempo para un simple trabajo?, mis esperanzas de encontrar a mi padre estaban desapareciendo bajo un espeso humo, y me daba miedo preguntar al señor Lito, a lo mejor no sabía nada, y la verdad, no me apetecía involucrar a nadie más, ya éramos demasiados (contando por supuesto al tío Claudio que sabe toda la historia desde la noche de la fiesta) y no confiaba en nadie, a veces, ni en mí mismo.
Pensé en la maleta llena de dinero (esto sí que sólo lo sabía yo, creo) y barajé la posibilidad de negarme a aceptar el trabajo, el caso es, no sé si fue un pálpito o el hecho de que entró por la puerta tan radiante como siempre, Sara, pero acepté. La sensación que tenía al ver a esa chica me asustaba, su sonrisa me impulsaba a seguir luchando, y una sola palabra suya aceleraba el ritmo de mi corazón de una manera brutal.
Ese trabajo, para bien o para mal, cambiaría mi vida, eso lo tuve claro desde el principio.
Días después ya estaba totalmente instalado, el señor Lito me enseñó a hacer todo lo que tenía que saber, se portaba conmigo de maravilla, me trataba más como un amigo y no como un trabajador, era un hombre bueno de verdad, me alegré mucho de que empezara a formar parte de mi vida porque una persona así, todo el mundo quiere tenerla cerca.
Cada mañana, a la misma hora, Sara venía a desayunar conmigo en un pequeño bar de al lado, poco después empezamos a quedar por las noches, no nos cansábamos de vernos, sentíamos una complicidad inmensa estando juntos, y al besarla sentí, que por primera vez, me había enamorado.


Las noches siguientes volví a soñar con el prado interminable, seguía sin haber nada ni nadie al final, pero se había sumado una persona más para ayudar a empujar.

domingo, 17 de abril de 2011

La Historia de Gonzalo 6º Capítulo "Una invitada inesperada"


-¡Bienvenidos chicos!-Saludaron al unísono la tía Eva y el tío Daniel (su marido y mi padrino)
Habíamos llegado a la casa del campo, “nuestra casa de campo”, una preciosa finca propiedad de los abuelos, donde nos juntábamos para todas las celebraciones y donde pasábamos muchos fines de semana todos juntos, mi familia era realmente extensa, nuestros abuelos, Ana y Manuel, habían tenido nada más y nada menos que 5 hijos: la tía Eva, luego le seguía el tío Claudio, después papá, el siguiente era el tío Miguel y la más pequeña, la tía Ángeles (mi hermana heredó su nombre, con una pequeña modificación, mamá nunca podía dejar las cosas como estaban , odiaba que le dijeran que no era original y adoraba cuando le aplaudían sus buenas ideas), todos mis tíos tenían 2 hijos (excepto papá que había tenido 3), no quiero aburrir con todos los nombres pero si contaré una pequeña curiosidad, todos los varones teníamos un lunar en la planta del pie derecho, parece de película ¿verdad? pues es totalmente verídico.
La casa, donde se habían criado papá y sus hermanos, era inmensamente grande, antes de llegar a ella, había que pasar por un caminito de piedras que el primo Carlos y yo habíamos construido de pequeños, por supuesto con la ayuda del abuelo, más adelante se encontraba la enorme casa, con terrenos para el cultivo al lado derecho y una piscina a la izquierda, y lo que más nos gustaba a todos, en la parte de atrás de la casa, estaba el porche, en el colocábamos las mesas repletas de comida en las fiestas, y ese día, no faltaba de nada, la tía Eva cumplía 50 años, y si cumplir mitad de siglo es importante para cualquier familia, para la mía lo era mucho más.
-¿Y papá?- Preguntó la abuela
Empecé a tartamudear, por supuesto a consecuencia de que la noche de antes no habíamos logrado inventar nada que decir para justificar esa ausencia.
-Viene directo del trabajo, no le daba tiempo a venir con nosotros- Dijo mi hermano convencido.
-¿Qué diantres dices Jorge?-Dije en voz baja pellizcando a mi hermano el brazo
-Calla, y dejame a mi-Contestó convencido.
Así pasamos varias horas, comiendo, riendo, e intentando pasar desapercibidos en la multitud, yo miraba de un lado a otro, para ver si alguien me observaba con cara sospechosa y cejas arqueadas pensando para sus adentros: “No sabes dónde está tu padre Gonzalo, nos estás engañando a todos”, pero hasta el momento nadie tenía esa cara.
Al fondo del porche, escuché una risa, no sé cómo describirla, pues no es fácil describir un sonido, pero me gustaba, y allí estaba ella, la dueña de aquella risa, una preciosa chica, su piel tenía el moreno que yo solo lograba conseguir en los meses de verano, sus ojos con forma de almendra eran de color verde oliva, y su pelo, liso en las raíces y ondulándose poco a poco hasta llegar a la cintura, lucía un bonito color castaño oscuro.
Vio que la miraba, pero no se incomodó, sólo me dedicó una sonrisa y un pequeño saludito con su mano, no puede ser ¿me conocía? ¿Quién era aquella chica?
Entonces como si me leyera el pensamiento se acercó a mí, hasta que estuvo lo bastante cerca y me dijo:
-Hola Gonzalín, no me había dado cuenta de que eras tú, ¿Qué tal estás?
-Pues, pues…lo cierto, es que ahora, bastante bien, pero no te consigo recordar, lo siento
-¿No sabes quién soy canijo?-contestó en tono burlón mientras me regalaba un codazo.
“Canijo”, pensó mi cabeza, ¡Claro! Ahora si sabía quién era, sólo ella me había llamado así desde muy pequeños.
-¡Dios mío! Eres Sara, pero cuanto has cambiado, estás…estás preciosa Sara.
-Vaya gracias Canijo, tú no estás nada mal tampoco-sonrió y me guiñó un ojo.
Sara era la hija del mejor amigo de la tía Eva, por lo visto había estado estudiando en el extranjero desde los 16, así que hacía bastantes años que no la veía, desde niños había estado detrás de ella, y ahora volvía a mi vida, de manera repentina, como todo lo que me ocurría, haciendo estallar miles de recuerdos en mi.

Seguimos charlando un rato y cuando llevábamos el tiempo suficiente en la fiesta, Jorge se levantó y anunció que a papá se le habían complicado las cosas en el trabajo y no le daría tiempo, y que nosotros nos marchábamos a prepararle la cena y un buen baño, pues vendría rendido de tantas horas en la calle. No quería marcharme, quería seguir hablando con Sara, pero era mejor así, no podía olvidar que había cosas más importantes en este momento.
La tía Eva nos dijo que nos lleváramos comida de allí sin problema, y que le dijéramos a papá que era el regalo más bonito que le habían hecho nunca. Así que los tres regresamos a casa, ¿tanta complicación para esto? Pensé, satisfecho de que el plan improvisado de Jorge había tenido un gran éxito.
Llegamos a casa, pero en lugar de preparar un baño para un padre que hacía meses nos había dejado, nos pusimos los pijamas para dormir, y cuando estábamos acostados, sonó repetidas veces el timbre en el piso de abajo. Bajé rápido las escaleras para ver quien llamaba a estas horas, y al abrir la puerta, allí me lo encontré, era el tío Claudio, y no traía buena cara.
-¿Abel?-Gritó mi tío con la cara que anteriormente yo mismo había descrito.
-No ha llegado todavía tío Claudio, por lo visto tiene que doblar turno y no sale hasta mañana-Contesté asustado.
-No pienso moverme de aquí hasta que no venga, ¿tienes café?-respondió, esta vez un poco más simpático.
El tío Claudio pasó toda la noche en el salón, viendo la tele, y durmiendo a ratos, Jorge y yo en cambio, estuvimos toda la noche sin pegar ojo, ahora sí que no había salida. La familia iba a enterarse de todo. Y querrían llevarse a mi hermana, porque aunque los 3 fuéramos mayorcitos, en mi familia eran demasiado protectores, y pensarían que no podemos cuidarnos nosotros solos, y mucho menos de una niña de 11 años.
Algunas veces sufrimos tanto que pensamos que las cosas no pueden empeorar, mentira, si que pueden ir peor, ya lo creo, llegué al punto de no querer seguir luchando, no era un infeliz que buscaba suicidarse, claro que no, pues tenía una familia muy buena, y por supuesto me quería a mi mismo (no todo el mundo se quiere), pero no me quedaban fuerzas suficientes para arreglar la situación e ir solucionando las cosas. Continuamente soñaba con un prado, yo caminaba y caminaba, notaba como me iba agotando, y quería tumbarme a descansar, pero Ángela y Jorge me empujaban, entonces pensaba “Si me empujan a continuar quiere decir que al final de este prado hay algo o alguien a quien debo encontrar, quizás mi padre”, pero no había nadie, y yo seguía andando sin sentido ni objetivo.
Dentro de apenas unas horas tenía mi última prueba, quizás después todo iría mejor, no lo sé.

lunes, 4 de abril de 2011

La Historia de Gonzalo 5º Capítulo "Un regalo ideal"


Dicen que el tiempo todo lo cura, y hasta hace relativamente poco, yo pensaba lo mismo.
He tenido novias, como todo el mundo a mi edad, pero han sido siempre amores pasajeros que culminaban con un abrazo y a veces incluso hasta con una bonita amistad, por lo que deduzco que nunca ninguna chica había estado locamente enamorada de mí, y por consiguiente yo tampoco había amado a nadie. Puedo entonces dar gracias, supongo, por no haber sufrido, al menos en el ámbito de amor. Por lo cual, el tiempo no ha tenido mucho que curar en lo que a amores se refiere. Y por el momento tampoco me apetecía saber lo que es enamorarse ni querer a una chica, no quiero más dolor, estoy servido, gracias. Además, dicen también que no puede echarse de menos algo que nunca has tenido, otro dicho popular y creo que más cierto que el anterior.
También la marcha de mama fue una palo bastante duro, el peor para nosotros sin contar este último, aunque más bien lo que me dolía no era la distancia, sino la indiferencia mostrada hacia mis hermanos, ni una visita, ni una sola llamada, ni una pizca de interés por saber de sus vidas en 5 años, por supuesto a mí tampoco me hacía caso, pero eso ya me daba igual, quería a mi madre porque era mi madre, pero única y exclusivamente por eso, los años de llorar por su trato hacía mi ya habían pasado, y todo eso ya no dolía, así que esa pena también el tiempo se la llevó para convertirla en simple rencor, de eso, la verdad sea dicha, me sobraba.
Lo que nada ni nadie lograba tan siquiera sosegar, era el dolor que sentía desde que mi padre decidió marcharse quién sabe dónde, cada mañana, al abrir los ojos, sentía un dolor en el pecho, como pinchacitos pequeñitos, pero que seguían constantes las 24 horas del día, llegó un punto que sentí pena de mi mismo por la situación que estaba pasando , y sinceramente creo que me equivocaba antes al decir que no había amado a nadie, sí que lo había hecho, por supuesto no de la manera que se puede amar a una novia, pero sí de la manera más pura, más fuerte y más franca que lo había hecho en toda mi vida.
Y acabado mi pequeño pero sincero desahogo, continuaré con mi historia…
A falta de tan sólo un examen y con todos los demás aprobados, con medias altísimas, he de decirlo, ya estaba muy cerca el momento de mi graduación, aunque evidentemente no era el título lo que realmente me importaba (al menos no por el momento), sino aquel papelito del cajón del recibidor, realmente era una tortura pasar por delante de él sin abrirlo, me daban hasta sudores fríos, creo que hasta escuchaba de vez en cuando como el papelito, por sí mismo, se movía, luchando por salir de ese oscuro cajón, para después salir corriendo hacía el teléfono y marcar el número con el objetivo de descubrir quién era esa persona misteriosa, pero hasta el día de hoy, según los científicos más inteligentes del planeta, creo que ningún trocito de folio tiene vida propia.
A Jorge también le estaba yendo de maravilla su tercer año de carrera, no lo había contado, pero quería ser profesor de educación física, supongo que no os habrá extrañado, es bastante predecible teniendo en cuenta que su mayor devoción era el deporte. Sus notas no eran nada envidiables pero sí bastante admirables teniendo en cuenta la situación, yo diría que ya estaba empezando a hacerse a la idea, en sus ojos siempre pude ver su estado de ánimo, sus preocupaciones, sus deseos, y eso a él le inquietaba desde que éramos muy pequeños porque más de una vez no le hacía falta hablarme para que yo, casi palabra por palabra, le contara lo que él pretendía decirme, y muy pocas veces me equivocaba, mi hermano siempre fue tan valiente, tan fuerte, tan…diferente a mí.
Ángela no había mejorado, pero por suerte para nosotros tampoco había empeorado, sus travesuras en el colegio se convirtieron en algo habitual, pero no volvió a pegarle a nadie, creo que eso jamás se lo perdonaría a sí misma, en casa, por el contrario, no hacía nada, en realidad no se que era mejor, porque se pasaba las horas en su habitación, en total silencio, de vez en cuando incluso la llamaba a voces desde el piso de abajo para comprobar que seguía allí.
-Siiiiiiii, sigo aquí tete, no hace falta que me preguntes cada 10 minutos-me decía cansada.
Mañana era el gran día, o el temido día mejor dicho, el cumpleaños de la tía Eva (nota importante: Eva era hermana de papá, sólo teníamos relación con nuestra familia paterna, ya que la familia de mamá vivía en el extranjero, pero nos llamaban de vez en cuando para saber de nosotros, y sólo los veíamos en algunas de nuestras vacaciones de verano).
Decidí echarle valor al asunto e ir al centro comercial, así que comenté mis planes a mis hermanos, que aceptaron a desgana y se vistieron para después subirse al coche. Les dije que teníamos que comprar un buen regalo a nuestra tía, pero mi objetivo real era estar tiempo juntos, fuera de casa quiero decir. Así que arranqué mi Renault y me dispuse a coger la autovía para llegar a nuestro destino.
Una vez allí recorrimos decenas de tiendas buscando el regalo apropiado, y comprando algún que otro caprichito para nosotros, ya que hacía tiempo que no lo hacíamos, Jorge me miraba asombrado cada vez que “malgastaba” en tonterías, pues siempre fui muy ahorrador y práctico, lo que no sabía mi hermano era de la existencia de una maleta llena de millones de euros, de ahí mi despreocupación.
Por fin en una tienda de antigüedades encontramos el regalo perfecto, un gramófono precioso, para el que no sabe de antigüedades, sirve para reproducir discos antiguos, de los que la tía los tenía a montones, nada más verlo los 3 supimos que era el regalo acertado.
Cuando terminamos de comprar, comimos y más tarde regresamos cansados a casa, Jorge y yo, nos pasaríamos toda la noche ideando la mentira que contaríamos a nuestra familia, podríamos decir que estaba en alguna de sus misiones, pero el tío Claudio estaba al tanto de todas las salidas de papá…¿Qué podíamos decir? Si por otro lado fingíamos que tenía un virus o cualquier otro tipo de enfermedad, ya sea grave o no, sería la Abuela Ana la que vendría corriendo a cuidarle...ya no me encontraba tan alegre como me había sentido tan sólo hacía unas horas con mis dos hermanos paseando y charlando, lo que en realidad estaba era muy asustado y por los ojos de mi hermano, se sentía exactamente igual que yo.

jueves, 31 de marzo de 2011

La Historia de Gonzalo 4ºCapítulo "Sucesión de sorpresas"



La semana posterior a la marcha de papá no fue tan difícil como habíamos esperado, no quiero decir con esto que no lo echáramos de menos, pero creo que en el fondo creíamos, o más bien queríamos creer, que era otro de sus viajes de trabajo, mi padre era un importante guardia civil, su cargo era el de Teniente General, siempre le entusiasmó su trabajo y eso se demostraba por la cantidad de medallas que había conseguido en su larga trayectoria, el único inconveniente para él era el hecho de ser bastante conocido. Además gracias a ser padre “divorciado” no lo destinaron nunca fuera de Asturias, de lo que jamás se escapaba era de las misiones que realizaban en el extranjero. Esos días, semanas y a veces incluso meses, lo pasábamos bastante mal, Jorge se tiraba las horas metiéndose en internet por si había novedades de los misioneros enviados desde España, Ángela con su calendario tachaba los días que le faltaban para abrazar a papa y yo…realmente no era yo cuando él no estaba a mi lado.
Aprovechando los días libres que Rafael me había dado (por supuesto fui yo quién se los pedí, de él jamás saldría que un empleado se tomara un descanso), seguí con mis últimos exámenes, no podía creerlo, casi estaba cumpliendo el sueño de mi vida, ser licenciado en medicina (con especialidad en cirugía)…la idea hace unos meses me ponía los pelos de gallina, pero ahora ya no me causaba la misma alegría, ni por asomo. Todo lo ocurrido en nuestro día a día culminaba con la misma afirmación: No es lo mismo sin papá.
A Jorge lo llamaron de un equipo de baloncesto que no era muy conocido que digamos, pero pagaban una pasta gansa por pertenecer al equipo, Jorge lo rechazó sin apenas pensar, alegando que ese equipo no le gustaba y además jugaban fatal, pero los dos sabíamos que solo seguía el consejo de nuestro padre, primero debía terminar sus estudios.
Ángela, ella era quién nos preocupaba de verdad, en tan sólo 8 días que habían pasado tras la “marcha” de papa, la profesora nos hizo ir dos veces, la primera la consideramos una tontería de cualquier niña de 11 años, por lo visto no quiso salir a resolver un ejercicio a la pizarra, y el motivo, según ella, fue, que no le apetecía, por lo que la profesora no se lo tomó nada bien, la segunda visita, esa si fue horrible, nosotros pensamos todo el rato que hablaba de otra chica, resulta que nuestra hermanita, que siempre había sido tan buena, le había pegado una brutal paliza a Cristian, un niño mayor que ella, pues le dio tantos golpes que cuando vinieron sus padres a recogerlo se echaron a llorar, por su parte nuestra hermana, no tenía ni un solo rasguño. En el fondo Jorge estaba orgulloso de que se defendiera ella sola, pero a mí no me hacía ninguna gracia. La profesora se enfadó aun más cuando le dije que mi padre no podía venir. Por el momento queríamos guardar el secreto, porque de ningún modo íbamos a permitir que nos separaran también de nuestra hermana, puesto que era la única menor de edad.
Al llegar a casa, después de la charla con la señora Rita (profesora dela niña), me di cuenta de que me correspondía a mi imponerle el castigo a Ángela, y tras mucho pensar recordé que mamá siempre escribía un diario, así que puse la habitación patas arriba con la esperanza de encontrarlo, seguro que me daría alguna idea, incluso a lo mejor escribía los castigos que nos había puesto a Jorge y a mí en nuestras fechorías. En el altillo del armario encontré una caja, bastante grande, de piel y de color marrón oscuro, la bajé y la coloqué en la cama, esperé unos segundos, cogí aire y por fin la abrí, pensando encontrar fotos o algún que otro recuerdo…me sorprendí al ver que lo que contenía la caja, cientos de billetes…casi me caí de espaldas, los había de 50, 100, 200, y hasta de 500 euros…no podía creerlo, siempre vivimos de maravilla, asistiendo a los mejores colegios, llevando las mejores ropas, pero papá nos había echó creer que gastaba todo su sueldo precisamente en que viviéramos como una familia bien avenida, sin permitir tampoco que fuéramos mantenidos por él, siempre solía decir: Ninguna familia se sostiene si no colaboran todos los miembros, tanto sentimental como económicamente.
Dejé la maleta dónde la encontré, se me estaban juntando demasiadas preocupaciones así que decidí posponer este “altercado” por unos días al menos.
La preocupación volvió a apoderarse de mi cuando recordé que el cumpleaños de una tía nuestra, Eva, estaba acercándose, y mi familia era de aquellas que se tomaban esta clase de acontecimientos bastante enserio, si falta alguien a alguna fiesta ha de tener un gran motivo, pero bueno, decidí centrarme en estas últimas semanas de exámenes y ya pensaría algo para todo lo que se avecinaba.

sábado, 19 de marzo de 2011

La Historia de Gonzalo 3er Capítulo "El parque"


Al salir de la pizzería, seguimos caminando cabizbajos durante al menos 1 kilómetro, deteniéndonos los tres en el mismo punto, y observando todos el mismo lugar, aquel parque…Papá nos había llevado allí desde que mi mente recordaba, observamos el quiosco de las chucherías de la señora Josefina, el gran lago, el almendro del columpio…todo parecía igual que siempre, incluso me atrevería a decir que por ese lago paseaban los mismos patos de antaño, pero faltaba papá, ahora entendía porque mi hermano Jorge dijo que se había acabado cuando leyó la nota, por supuesto que se había acabado, toda nuestra felicidad había llegado a su fin, y costaría años volver a recuperar una pizca de alegría…
Pasadas unas horas, después de mirar y mirar “nuestro “parque sin intercambiar ninguno de nosotros ni una palabra, regresamos a casa, que curiosamente tampoco parecía la misma, que sensación tan extraña y tan melancólica al mismo tiempo, por un momento escuché la voz de papa: ¿Dónde estabais metidos pequeños?, pero solo fue mi cruel imaginación, hasta ella quería hacerme daño.
Acostamos a Ángela, que fingió dormirse (pero todos sabíamos que esa noche nadie dormiría), y seguidamente sin saber porqué fui corriendo hacia el primer cajón del recibidor, mi hermano como leyéndome el pensamiento corrió hacia el teléfono que se encontraba en el salón y me lo puso en la mano, marqué los números con nerviosismo, y cuando solo faltaba pulsar la tecla de llamada, dejé el teléfono en su sitio…
-¿Qué diablos haces Gonzalo? Dijo mi hermano, más asustado que enfadado
-Papá me dijo que llamara cuando terminara mi carrera y aún quedan 3 semanas, creo que deberíamos esperar.
-¿Qué estás diciendo? Marca el maldito número, quizá sea el de mamá. Dijo mi hermano, esta vez pareciendo enfurruñado.
Pero en esta historia yo tenía dos cosas bastante claras: la primera era que papá no nos cambiaría por nada del mundo y mucho menos por mamá, y la segunda es que la persona que se escondía detrás de ese número, no sólo quería ofrecerme trabajo.

jueves, 17 de marzo de 2011

La Historia de Gonzalo 2º Capítulo "La marcha del ángel"


-Se acabó, me dijo mi hermano con un tono deprimente.
Esa noche, fue Jorge quien recogió a mi hermana de sus clases semanales de pintura (era una niña muy creativa y se le daba genial cualquier tipo de manualidad), cuando llegaron a casa encontraron una nota de Papa: "Queridos hijos míos, con todo el dolor de mi corazón he de deciros que me marcho, voy a buscar a vuestra madre, yo también tengo derecho a ser feliz, y he pasado toda mi vida luchando por los demás y aunque no me arrepiento, necesito tener tranquilidad. Gonzalo, en el primer cajón del recibidor hay un número de teléfono, cuando termines tus exámenes y por fin te gradúes llama, esa persona te guiará y ayudará a terminar de formarte. Jorge, me gusta mucho que sé té de bien el baloncesto pero céntrate en tu carrera, es muy difícil llegar lejos en cualquier deporte. Ángela, cielo mío, a ti no hace falta que te diga nada, siempre supiste cuidarte solita (aunque tus hermanos insistan en mimarte, para ellos siempre serás la pequeña.)
Eso es todo chicos, os quiero con locura, aunque esta situación no lo demuestre, ya me entenderéis algún día. Cuando os haga falta un empujoncito, ya sabéis, mirad al cielo... la estrella que más brille... ese es Papa. Fdo: Abel"

-Esto no lo ha escrito Papá, dije seguro de mí mismo.
-¿Ah no? Va Gonzalo no seas incrédulo, ves lo que dice del cielo y todo eso, es Papá, está claro, dijo mi hermano.
Entonces le dije a Rafael (mi jefe) que en ese momento estaba jugando con mi hermana a su interminable lucha de pulgares, que tenía que irme, empezó a dar gritos en Italiano (siempre lo hacía cuando algo no le gustaba, aunque pensándolo bien, también gritaba cuando algo le gustaba), pero ni me inmuté, dejé mi delantal en la taquilla, y los tres salimos por la puerta, muy decididos, como si supiéramos exactamente qué hacer... pero en el fondo nuestros corazones no podían sentirse más perdidos...

lunes, 14 de marzo de 2011

La historia de Gonzalo Da Silva 1º capítulo

Mi nombre es Gonzalo Da Silva, tengo 30 años, y una historia que al resto de la humanidad puede parecer una historia completamente normal, sin embargo para mí es de lo más peculiar.
Nací en España, en la provincia de Asturias, y viví allí durante casi toda mi vida con mis padres Abel y Rosa, como el mayor de 3 hermanos. Pues bien, todo comienzo cuando cumplí 18 años y mi madre anunció (y lo digo literalmente porque lo hizo delante de toda mi familia en la gran fiesta celebrada en honor de mi mayoría de edad) que estaba harta y deprimida de su vida tan monótona y que se marchaba a buscar su propia felicidad. Ese mismo día cogió su maleta azul a rayas vainilla, besó a mi hermana Ángela (6 años), luego dio otro beso a mi hermano Jorge (15 años) y se dirigió hacia mí, propinándome un palito en la espalda. Nunca me trató como a ellos, siempre pensó que mi nacimiento fue el motivo principal del fin de su carrera artística (era una gran estrella, ya me centraré en ella cuando sea el momento. A pesar de su trato indiferente hacia mí, no me di cuenta de lo egoísta que podía llegar a ser hasta ese día.
Gracias a mi padre, todo fue sobre ruedas, yo seguí con mi carrera recién empezada y haciendo algunas horas extras en la pizzería de la esquina, y mis hermanos fueron muy bien atendidos por mi buen padre.
Lo que parecía ser la típica historia de una madre soñadora que deja a sus hijos con su padre y el sólo se encarga de los niños, cambió una noche, cuando yo tenía 23 años, estaba en la recta final de exámenes pero nos hacía falta el dinero y yo estaba en la pizzería doblando turno (mi padre estaba en contra de que yo trabajara tantas horas. Esa noche aparecieron mis hermanos, muchas veces venían a cenar conmigo, sobre todo cuando Papá estaba fatigado para ponerse a hacer cenas después del trabajo, mi pequeña Ángela vino corriendo alegre hacia mí, pero la cara de Jorge expresaba un sentimiento totalmente diferente.

Lorena