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viernes, 6 de mayo de 2011

La historia de Daniela Treneib - Capítulo 7 "Fotografías"

No sabía bien que era desde la distancia, pero algo importante debía contener. Era una caja fuerte muy antigua y extraña, al parecer debía llevar mucho tiempo incrustada en pared ahora ya vencida por la tormenta.
Estaba abierta, rota, tirada en el suelo, mirándome. De repente mi corazón empezó a latir al son de un raro nerviosismo que entonces no entendí.
Dentro de la caja había solo recuerdos a simple vista, fotos viejas, cartas, algunas joyas y una llave dorada cogida a un cordel de plata. Entonces, sentada bajo la luz clara del día que entraba por el tejado inexistente empecé con las fotos, las primeras eran de la infancia de mi tía, cumpleaños rodeados de gente que yo no conocía. Luego había varias de lo que parecía una ciudad extranjera, paisajes y monumentos bellos. En algunas salía solo mi tía. Y al poco salía abrazada a un hombre, rápidamente reconocí aquel perfil, era el de Ángel, amantes escondidos en una ciudad lejana. Se les veía felices, sentí pena.
Había una foto donde aparecían dos personas, mi tía y una mujer que aunque nunca la había visto supe de quien se trataba. Mis ojos, mis labios, mis orejas, la forma de mi figura, la expresión, todo, era yo sin serlo, esa mujer era mi madre no tuve duda alguna. Mi piel se erizó. Mis lágrimas mudas caían sobre las fotos. Era ella, ELLA.
Mi tía y mi madre eran cuñadas, ya que mi tía por lo que sé era hermana de mi padre. Al poco encontré otra foto similar, esta vez eran cuatro, Ángel, mi tía, mi madre y un hombre que la tenía por la cintura, debía ser mi padre, también me parecía mucho a él. Allí estaban sonriendo. Sonrisas.
-Y no me digo nada.- pensé. Ángel también conocía a mis padres. Eso era nuevo. Mucho para mí.
Cuando pude recuperarme del shock continúe con el registro de recuerdos. Cartas de amor, había muchas, de la relación que Ángel y mi tía habían llevado en secreto. Sé que eran personales y que no tenía derecho a leerlas pero sentí que tenía que hacerlo.
Después de varias de amor de Ángel hacía mi tía, una de ellas cambiaba totalmente el tono y cariño de las anteriores. Cartas que mi tía debía haber enviado y fueron devueltas por el remitente, le suplicaba a Ángel que no lo hiciera, que no tenía derecho. Le hablaba con una dureza y sequedad pasmosas. Pero en la carta no había referencia alguna de que se trataba. Luego había varias del estilo.
Y por último había una carta de mi padre. Era parca en palabras, le pedía que fuese a Francia a verles, que necesitaban un gran favor. Un favor. No era necesario ser muy inteligente para saber de que favor se trataba.

Cuando terminé, sin pensarlo me vestí rápidamente y salí de casa.

Llegue gritando fuera de mí a la oficina de Ángel, me debía muchas explicaciones. Ese hombre escondía más de lo que me había contado.
- ¡¡NO PIENSO MOVERME DE AQUÍ HASTA QUE ME EXPLIQUES DE QUE VA ESTA MIERDA!!
Y tirando las cartas y fotos sobre la mesa esperé su respuesta.

jueves, 14 de abril de 2011

La historia de Daniela Treneib - Capítulo 6 "Desde el cielo"

Julio me dejó en la dirección de aquel sobre, un nombre, un número y una calle, ese era todo el contenido de la maldita carta. Se empeñó en acompañarme, tenia miedo de que algo malo me pudiera pasar, yo no quise, le dije que me esperara en la calle.
Llamé a la puerta, la curiosidad me mataba.
Una señora de avanzada edad, a modo de secretaria me abrió la puerta. Llevaba los dientes pintados y de paso algo los labios de un color rojo, muy rojo.
-Buenos días, pregunto por Don Ángel Silvent.
-Sí, eres Daniela ¿verdad? Pasa, pasa preciosa, has tardado mucho en venir, siéntate enseguida te atenderá.
-Emm, gracias.
Mientras esperaba pensé en como esa mujer sabía mi nombre y porque me hablaba como si me conociera, ¿me esperaban? ¿Porque?
De pronto se abrió una puerta y empezó a salir mucho humo de tabaco y como si de un mago de tratase salió de entre la "niebla" un hombre de unos 60 años, ni muy alto ni muy bajo, con traje de chaqueta azul a rallas y una corbata rosita que a mi gusto era demasiado corta.
-Hola Daniela, por fin pasas por aquí, había llegado a pensar que no habías recibido mi carta o que no querías venir, pero no quise poner muchos datos en su contenido, por si acaso, ya sabes.
No, no sabia, pensé.
-Hola, si, bueno lo siento, he estado liada.
-Tranquila, sé donde estabas, entra, entra.
Dude, pero ya estaba allí y era más fuerte mi creciente curiosidad que mi desconfianza.
-Sé que está perdida ahora mismo.- Comenzó. -Pero pronto sabrás él porque de tanto misterio, mejor siéntate.-carraspeó y empezó a hablar.
-Estas aquí porque yo conocía a tu tía bastante bien, hace muchos años en este mismo despacho la vi por primera vez. Yo le llevaba los papeles y cuentas cuando tan joven quedó viuda, nos enamoramos y durante años fuimos amantes. Nuestra romance terminó porque decidí seguir con mi mujer, ella lo llevó mal, trementamente mal, tanto que se aisló del mundo y se fue a vivir al campo, yo siempre la quise mucho y nunca la olvidé, pero tenia una mujer, hijos... no podía abandonarlos, no podía darle lo que ella pedía.
A pesar de esto nunca terminé de desvincularme de ella, al menos la convencí para seguir llevándole los papeles y de paso poder visitarla alguna vez. Cuando tú llegaste a su vida, ella vino a verme para pedirme dos cosas: que no volviera a visitarla más y un favor.
Ella sabia que su salud era endeble y vulnerable, así que cuando aceptó criarte, aceptó una hija y con ello una heredera.
Legalmente hay otros parientes lejanos que podrían serlo, pero ella dejo dicho y escrito que tú y solo tú fueras la heredera de todas sus pertenencias, su casa del campo y unos buenos ahorros que te darán para vivir un tiempo.

Mi boca no podía estar más abierta, era demasiada información. ¿Heredera? ¿Yo?
-Pe pe pero...
-Tranquila, yo te ayudaré con todo, empieza leyendo esto.- Y me dio el testamento de mi tía. Cuando terminé de leerlo no pude parar de llorar durante un largo rato, sólo mi tía volvió hacerme llorar después de tanto tiempo.

Al cabo de un mes ya estaba instalada en casa, miles de recuerdos inundaron mi mente, todo estaba exactamente igual que cuando me fui, era increíble, como si nunca hubiera pasado el tiempo.
Julio no quería que me fuera a vivir tan lejos y alejada, quería que me quedara en su casa, yo no acepté de ninguna manera, bastantes cosas tenia Julio encima.
Ada vino a visitarme al poco de instalarme, habían pasado 6 años desde la última vez que nos vimos, fue genial volver a verla, seguía tan espectacular y bella como siempre, solo que ahora en cuerpo de mujer. Recordamos en nuestro reencuentro el día de nuestra despedida en el orfanato, entonces dos niñas hicieron una promesa, una promesa que nos unió y nos unirá siempre, la de la amistad eterna, fuerte y leal.
Ella trabajaba de camarera en una pequeña cafetería miestras estudiaba, me consiguió trabajo allí. Julio me llevaba todos los días al trabajo, al poco me compre una motocicleta, no podía abusar de su buena disposición.

Todos los días cuando Julio terminaba de trabajar venia a verme, un día después de cenar Julio me dijo que necesitaba decirme algo.
-Daniela estoy enamorado de ti, desde que estas en mi vida he vuelto a ser feliz.

Julio ha sido mi primer "todo", nunca antes había sentido algo así por nadie, hasta hacia poco los hombres no tenían importancia para mí, no los necesitaba, pero a Julio sí, él era el único hombre que me hacia sentir, el único que despertaba en mi la necesidad de amar y de sentirme mujer.
Después de esas palabras no hicieron falta más, nuestras pieles se unieron y nuestros labios se juntaron, era la primera vez mi boca besaba otra, era la primera vez que mi cuerpo se estremecía de la forma más real y bonita que jamás antes había conocido.
-Yo también te amo.

Y así, con él, fue pasando el tiempo, tres años después, el mismo día que cumplí 21 años, la madre de Julio falleció de un cáncer fulminante, apesar de lo que nos dijeran los médicos nosotros sabíamos que su madre habia muerto de pena. La peor enfermedad que hay, el peor cáncer. Fue otro golpe duro, pero no inesperado.
Entonces decidimos vivir juntos, Julio estaba muy triste y fue lo mejor, le convencí para que fuera él quien se instalara en mi casa, no quería separarme de esas paredes, de la tierra, del silencio, del aire puro. Él complaciente siempre, aceptó.
La vida era genial, Julio y yo nunca hemos necesitado mucho para ser felices, la simple compañía del otro ya era suficiente. Creamos nuestro mundo. Nuestro.

Un día hubo una tormenta terrible, que se llevó parte del viejo y vencido tejado. La casa era grande y estaba dividida en dos parte, nosotros por suerte habituábamos a usar la parte que no sufrío daños a penas.
Al día siguiente con la mañana clara, en calma, Julio y yo desayunamos y se fue a trabajar, yo tenia el día libre, antes de irse me dijo:
-Cuando regrese, empezaremos a plantear la obra y en unos días estará solucionado. No te precupes amor. Adiós guapa, te quiero.

Cuando quede sola, accedí a la parte afectada de la casa, era una buhardilla grande llena de muebles y chismes viejos. Parte del tejado y un trozo de pared había caido dentro aplastando la gran mayoría de ellos. Fue entonces cuando lo vi.

viernes, 8 de abril de 2011

La historia de Daniela Treneib - Capítulo 5 "El abrazo del pasado"

Era libre, al día siguiente de mi cumpleaños "me soltaron". Antes de salir el director del centro me entregó un sobre con en el que se podía leer mi nombre completo, no llevaba remitente. Sólo una pequeña anotación al pie: Entregar al cumplir la mayoría de edad. El sobre estaba cerrado.

Se supone que cuando sales de un sitio así debe venir a recogerte tu familia, esperándote en la puerta para luego regalarte el mayor de los abrazos. En mi caso faltaron ambas cosas.
Era libre sí, pero ¿de qué manera?


Empecé a caminar sin rumbo ni meta. Decidí cruzar el solar que tantas horas contempló mi vista. Cuando llevaba un rato caminando sentí un ruido detrás de mí, era un motor, un sonido que mi mente recordaba a la perfección, era la vieja furgoneta de Tomás, pero al girarme no era él quien la conducía sino su hijo Julio. No le esperaba ya que semanas atrás avisé de mi salida a Tomás por carta, pero no obtuve ninguna respuesta, ya no esperaba a nadie, pero sin embargo ahí estaba su hijo, no se habían olvidado de mi, le conocía desde pequeña y sin embargo apenas sabia nada de él, pero allí estaba, sonriendo delante de mí con una bonita flor en la mano. Y sin pensarlo me abracé a él con la misma fuerza con la que antaño me había abrazado a su padre cuando mi tía se fué. Esta vez el cuerpo no era el de una niña, esta vez si sabia que pasaba, pero tuve la misma sensación de soledad, tristeza y vacío que cuando era niña.
Julio me contó que su padre había muerto hacia unos meses de un infarto, me sentí mal y angustiada, al fin y al cabo Tomás era lo único que me quedaba de mi pasado.
La madre de Julio estaba enferma desde entonces y se pasaba las horas encerrada en su habitación viendo fotos del pasado y llorando sin parar. Se alegró de verme, pero tan pronto como me saludó, regresó a su cuarto.
Julio lo estaba pasando realmente mal, todo esto era demasiado para él, sólo tenia 20 años una madre enferma que cuidar y un pequeño negocio como herencia que llevar.
Me preparó una habitación y allí me instalé, prometiendo que en seguida encontrase un trabajo me iría de allí, Julio parecía no tener ganas de que ese momento llegase.

Julio era un muchacho alto y bien fornido de tantas horas cargando y descargando la furgoneta de trabajo. Sus ojos oscuros, casi negros, pero realmente bonitos y expresivos. Sus labios eran carnosos. No se reía mucho era más bien callado y tímido, pero cuando reía tenía una sonrisa preciosa que dejaba asomar dos pequeños hoyuelos que la hacían más bonita aún.

Con todo el lío del nuevo cambio olvidé por completo la carta misteriosa, pero había llegado el momento de abrirla, no me imaginaba que podía contener, pero dentro de mí sentia que de alguna manera en ese sobre estaba la siguiente parada del tren de mi vida.

viernes, 1 de abril de 2011

La historia de Daniela Treneib - Capítulo 4 - El Reformatorio (2ºparte)

Después ruido, dolor y oscuridad, me taparon lo ojos no pude ver lo que le hicieron a Cris, pero si sentí su dolor con los gritos de agonía que resonaron en mis tímpanos, mi castigo fue aguantar su sufrimiento con la peor de las impotencias, con rabia. Despertó dentro de mi un odio enorme, desconocido para mí hasta entonces, un odio de venganza.
No les pasó nada, NADA, nada... unas semanas de castigo y poco más. Parecía como si hasta los profesores aceptasen ese castigo para Cris, como si lo mereciese por ser como era, Cris pasó unas semanas en el hospital, luego regresó, como si nada, con una pequeña cojera que ya arrastraría toda su vida. Pero en sus ojos había más tristeza, más dolor que sumar a su lista.
Después de lo de Cris mi actitud cambió, dejé de estar al margen, dejé de mirar para otro lado.
En poco tiempo aprendí que la gente que no te importa es fácil de manipular, ya que no hay sentimientos de por medio y así es más sencillo. Sólo tienes que decir lo que quieren oir en el momento oportuno. Rápidamente me dí cuenta que la gran mayoría de personas están vacías, apenas tienen ideas propias y sus sentimientos son muy básicos, éstos son más fáciles de controlar.
Yo expresaba claramente mis desacuerdos con ciertos tratos de los tutores y con las injusticias, ya no callaba y por ello pasaba alguna noche en la "parte oscura", una pequeña habitación de castigo, vacía a excepción de una pequeña Biblia, "para recapacitar" decían, jamás la abrí.
De vez en cuando montaba alguna que otra revuelta casi siempre por alguna causa justificada o por aburrimiento. Le dí más de un calentamiento de cabeza a los profesores y tutores.
Al cabo de unos meses me hice con el sitio, dejé de ser anónima, dejé de ser una más, era la "Bicha", así me llamaban, me pusieron este mote por el motivo mayor de mi ingreso allí, el suceso con Alicia y los bichitos. Sinceramente este seudónimo no me gustaba, pero no se trataba de eso, cuando en sitios así te ponen un sobrenombre es porque de alguna manera destacas sobre los demás, para bien o para mal. Y yo destacaba.
Así fue pasando el tiempo, años de revueltas, gritos, castigos, peleas... Entretenido y rápido, fue la única forma que encontré de sobrevivir allí de la mejor manera posible, cuando estas ocupado el tiempo pasa más deprisa.
El último año cuando estaba a punto de cumplir la mayoría de edad y salir de aquel sitio, conseguí que cada uno de los que habían participado en la brutal paliza a Cris, recibieran su merecido, cuando regresaron del hospital, yo ya no estaba en aquel sitio. Me imaginé sus caras, lobos hambrientos en busca de su presa, una presa que ya nunca comerían.

lunes, 21 de marzo de 2011

La historia de Daniela Treneib - Capítulo 3 - El Reformatorio (1ºparte)



El reformatorio, re-for-ma-to-rio. Curiosamente lo que menos me gustaba de aquel sitio era su nombre.
Entré en aquel lugar con una bonita lista de cosas malas que una niña no debe hacer, entre otras cosas robo y agresión. Esos cerdos manipuladores mintieron de lo lindo para poder deshacerse de mí.
Recuerdo que sentí estupor cuando entré por esa gran puerta, y es que la fealdad de aquel edificio impresionaba.
El centro (así lo llamábamos) estaba dividido en dos zonas, femenina y masculina, sólo en algunas actividades y en los tiempos libres nos juntaban con los chicos.
Las habitaciones estaban compuestas por dos literas, un par de armarios y alguna silla. Tuve suerte, la habitación 87A tenía vistas al solar, por lo menos no tenia que despertar cada mañana viendo aquel grisáceo edificio.
A las únicas personas que escribí para informar de mi nuevo cambio fueron Tomás y su familia y a mi amiga Ada, tampoco había nadie más.
Con Ada me escribía habitualmente. Tomás y su mujer, y a veces su hijo Julio venían a visitarme, agradecía de verdad cada visita, pero no llegué a decirlo nunca.
Nada más llegar me dieron lo que sería mi segunda piel durante los siguientes años, un uniforme, gris, para no desentonar con la armonía del sitio.
Mis compañeras de habitación no eran malas del todo, por lo menos no conmigo, Susi, Nieves y Reme.
Al principio pasaba desapercibida, era una más, tenia que morderme la lengua a menudo callando ante injusticias tremendas tanto de alumnos como de profesores, pero no iba conmigo, no tenia porque interceder, no quería más líos. Pero como todo en mi vida eso empezó a cambiar.
En los eternos años que allí pasé, conocí a muchas personas, la mayoría no merecen ni una sola línea, pero de entre todos destacó para mi Cristóbal, o como al él le gustaba que le llamasen: Cris. Era un chico amanerado, dulce, servicial, sensible y sobretodo buen conversador.
Hicimos buenas migas desde el momento que coincidimos por primera vez, a pesar de su fragilidad, era un chico valiente, no le importaba mostrar lo que era y no usaba tapaderas, aunque su tendencia sexual le causaba problemas en más de una ocasión.
Usábamos cualquier momento libre para estar juntos. Encontramos un lugar tranquilo semi escondido donde solo había chismes y se podía acceder por una ventana, era nuestra guarida, allí nos echábamos algún cigarrillo que conseguíamos de vez en cuando y charlábamos tranquilamente. Él era diferente, siempre se reía de sí mismo, aparentaba más edad de la que tenía tanto por dentro como por fuera, había tenido una vida dura, pero a pesar de eso, siempre me hacía reír. Era un buen amigo.
Ocurrió un domingo, Cris y yo acabábamos de entrar a nuestra guarida, cuando oímos voces cercanas, estaban entrando a nuestro escondite. Cris y yo nos escondimos detrás de un viejo colchón. Eran cuatro, todos chicos, llevaban tiempo con ganas de pillar a Cris y nos habían seguido.

viernes, 18 de marzo de 2011

La historia de Daniela Treneib - Capítulo 2 - El comienzo del averno



Tomás llegó pitando en su mugrienta furgoneta como siempre. Salí corriendo y sin decir nada le abrace, como el que se agarra al borde de un precipicio para no caer al vacío, Tomás desconcertado me aparto tiernamente y me preguntó porque lloraba, realmente ni yo lo sabia, solo tenia miedo y me sentía sola, quería ver a mi tía y volver a nuestra rutina, sólo eso.
Tomás se encargo de todo una vez se entero que había pasado con mi tía, estuve con él, su mujer y su hijo Julio unos días hasta que los servicios sociales se hicieron cargo de mi. Recuerdo como si fuera hoy el día que me dijo que mi tía no volvería más, llore, llore y llore tanto que mis ojos se secaron para siempre, ese día mi corazón empezó a endurecer, era solo el comienzo de la roca que hoy tengo dentro de mi.
Me llevaron a un orfanato en el centro de la ciudad, al principio fue raro, apenas había tenido contacto con la gente y de repente vivía en un gran caserón rodeada de personas hasta para dormir.
En el orfanato no me fue mal del todo, hice una amiga, que hoy día sigue siéndolo, Ada, vanidosa y presumida,( y es que era y es guapa a rabiar) pero con una lealtad infinita y un buen corazón. Los profesores eran duros y la mayoría tenían las manos largas, pero no nos trataban mal del todo. La comida era asquerosa, eso sí.

Cuando estaba a punto de cumplir tres años en el orfanato me adoptó una familia, todo el mundo me dio la enhorabuena, Ada lloro bastante, yo no entendía ni una cosa ni la otra, al fin y al cabo era otro cambio más y no tenia demasiadas ganas.
Marcelo y María fueron mis padres adoptivos, y Alicia mi hermana política, y digo fueron porque solo estuve con ellos apenas dos años, Alicia me odio desde el primer día, ella tenía 13 años entonces, era mala, algo rellenita y poco agraciada la verdad, tenia el pelo como una bombona de butano y las orejas grandes y separadísimas. Siempre hacia trastadas y me echaba la culpa después, Marcelo me regalaba casi todas las semanas un par de palizas por su culpa.
Un día nos mandaron a comprar, cuando estábamos en la tienda, el dependiente tranquilo por la confianza que nos tenia entró un segundo al almacén, en ese momento y sin tiempo de reaccionar Alicia alargo su rechoncho cuerpo y cogió 5.000 ptas de la caja que el tendero había dejado entreabierta. Cuando salió nos despacho sin notar nada y salimos hacia casa, al llegar, María hablaba por teléfono, estaba roja, rojísima, al colgar nos pregunto por el dinero y Alicia sin darme tiempo reaccionar empezó a llorar y me culpó, lo negué, pero entonces metió la mano en mi abrigo y saco el dinero.
Estuve varios días sin poder ir al colegio, los suficientes para que los moratones desapareciesen, aunque lleve bastante más tiempo el brazo escayolado. El padre de la “bruja zanahoria” era un bestia.
No me queje, no llore, nunca dije que fue Alicia quien robo el dinero.
Una madrugada me levanté en silencio, debajo de la cama algo me esperaba, un bote de cristal guardaba unas 40 garrapatas y bastantes pulgas, en otro bote había pegamento extra fuerte. Entré en la habitación de Alicia, los bichos hicieron su trabajo en su cuerpo y el pegamento hizo el suyo en su pelo. Esa noche después de mucho tiempo me dormí sonriendo, aunque estuvo mucho mejor aquel despertar con los gritos de dolor de Alicia. Mereció la pena volver a llevar unos meses más la escayola.
Dos días después iba de camino a un reformatorio. Sonreía de nuevo.

Ángela

lunes, 14 de marzo de 2011

La historia de Daniela Treneib Seliva 1º capitulo

Yo soy Daniela Treneib Seliva y tengo 29 años. Siempre he pensado que todos los secretos se parecen, hasta que conocí el mío, pero para contarlo tengo que relatar primero mi historia:
Nací en Francia en un pequeño pueblo llamado Monpazier, hace poco que yo misma supe esto, ya que cuando solo tenia 2 años me llevaron a España, y ningún recuerdo me quedo de mi tierra natal, siempre he tenido mala memoria, pero en este caso alguien se encargo de que nunca recordara esto y mi memoria borró Monpazier, hasta hoy.
Empecemos por España, por lo que mi memoria sí recuerda.
Nunca conocí a mis padres, creo que no tengo hermanos, por familia solo conocí a mi tía Marisa, ella me crió hasta los 9 años, y me hubiera cuidado toda su vida, esa mujer me quiso de verdad, pero soportaba desde hacia tiempo una fuerte enfermedad, y el invierno de 1990 se la llevo y con ella mi felicidad, mi estabilidad y mi única familia, todo se hizo gris, una gran pausa inundó mi vida.
Vivíamos en una finca lejos de todo, no teníamos mucha relación con el mundo exterior, así que estuve ajena para el mundo dos días, hasta que vinieron por mi y así empezó mi Odisea particular.
Tomás era un repartidor que venia cada semana para aprovisionarnos de víveres y otros suministros, era un hombre sencillo y simple, bastante bajito y un poco barrigón, tenia la cara tan redonda como una perfecta circunferencia y una gran nariz que siempre estaba roja.
Esa mañana Tomás pasó por nuestra finca como habitualmente, yo seguía esperando a mi tía, era incapaz de imaginarme que había muerto, esa idea nunca se pasó por mi cabeza hasta el momento que me dieron la noticia, no sabia que podía haber pasado, pero sabia que mi tía no me dejaría sola, me equivocaba. Supongo que es esa esencia que tienen los niños, la inocencia.

Ángela