En este blog contaremos la vida de dos personas totalmente diferentes con un gran secreto por descubrir. Si os decidís a seguir estas historias, empezar por el comienzo de cada una, a la derecha encontraréis cada historia troceada en pequeños capítulos desde el comienzo de cada una. Habitualmente según nuestro tiempo lo permita, iremos dando forma a estas dos historias.
viernes, 8 de abril de 2011
lunes, 4 de abril de 2011
La Historia de Gonzalo 5º Capítulo "Un regalo ideal"

Dicen que el tiempo todo lo cura, y hasta hace relativamente poco, yo pensaba lo mismo.
He tenido novias, como todo el mundo a mi edad, pero han sido siempre amores pasajeros que culminaban con un abrazo y a veces incluso hasta con una bonita amistad, por lo que deduzco que nunca ninguna chica había estado locamente enamorada de mí, y por consiguiente yo tampoco había amado a nadie. Puedo entonces dar gracias, supongo, por no haber sufrido, al menos en el ámbito de amor. Por lo cual, el tiempo no ha tenido mucho que curar en lo que a amores se refiere. Y por el momento tampoco me apetecía saber lo que es enamorarse ni querer a una chica, no quiero más dolor, estoy servido, gracias. Además, dicen también que no puede echarse de menos algo que nunca has tenido, otro dicho popular y creo que más cierto que el anterior.
También la marcha de mama fue una palo bastante duro, el peor para nosotros sin contar este último, aunque más bien lo que me dolía no era la distancia, sino la indiferencia mostrada hacia mis hermanos, ni una visita, ni una sola llamada, ni una pizca de interés por saber de sus vidas en 5 años, por supuesto a mí tampoco me hacía caso, pero eso ya me daba igual, quería a mi madre porque era mi madre, pero única y exclusivamente por eso, los años de llorar por su trato hacía mi ya habían pasado, y todo eso ya no dolía, así que esa pena también el tiempo se la llevó para convertirla en simple rencor, de eso, la verdad sea dicha, me sobraba.
Lo que nada ni nadie lograba tan siquiera sosegar, era el dolor que sentía desde que mi padre decidió marcharse quién sabe dónde, cada mañana, al abrir los ojos, sentía un dolor en el pecho, como pinchacitos pequeñitos, pero que seguían constantes las 24 horas del día, llegó un punto que sentí pena de mi mismo por la situación que estaba pasando , y sinceramente creo que me equivocaba antes al decir que no había amado a nadie, sí que lo había hecho, por supuesto no de la manera que se puede amar a una novia, pero sí de la manera más pura, más fuerte y más franca que lo había hecho en toda mi vida.
Y acabado mi pequeño pero sincero desahogo, continuaré con mi historia…
A falta de tan sólo un examen y con todos los demás aprobados, con medias altísimas, he de decirlo, ya estaba muy cerca el momento de mi graduación, aunque evidentemente no era el título lo que realmente me importaba (al menos no por el momento), sino aquel papelito del cajón del recibidor, realmente era una tortura pasar por delante de él sin abrirlo, me daban hasta sudores fríos, creo que hasta escuchaba de vez en cuando como el papelito, por sí mismo, se movía, luchando por salir de ese oscuro cajón, para después salir corriendo hacía el teléfono y marcar el número con el objetivo de descubrir quién era esa persona misteriosa, pero hasta el día de hoy, según los científicos más inteligentes del planeta, creo que ningún trocito de folio tiene vida propia.
A Jorge también le estaba yendo de maravilla su tercer año de carrera, no lo había contado, pero quería ser profesor de educación física, supongo que no os habrá extrañado, es bastante predecible teniendo en cuenta que su mayor devoción era el deporte. Sus notas no eran nada envidiables pero sí bastante admirables teniendo en cuenta la situación, yo diría que ya estaba empezando a hacerse a la idea, en sus ojos siempre pude ver su estado de ánimo, sus preocupaciones, sus deseos, y eso a él le inquietaba desde que éramos muy pequeños porque más de una vez no le hacía falta hablarme para que yo, casi palabra por palabra, le contara lo que él pretendía decirme, y muy pocas veces me equivocaba, mi hermano siempre fue tan valiente, tan fuerte, tan…diferente a mí.
Ángela no había mejorado, pero por suerte para nosotros tampoco había empeorado, sus travesuras en el colegio se convirtieron en algo habitual, pero no volvió a pegarle a nadie, creo que eso jamás se lo perdonaría a sí misma, en casa, por el contrario, no hacía nada, en realidad no se que era mejor, porque se pasaba las horas en su habitación, en total silencio, de vez en cuando incluso la llamaba a voces desde el piso de abajo para comprobar que seguía allí.
-Siiiiiiii, sigo aquí tete, no hace falta que me preguntes cada 10 minutos-me decía cansada.
Mañana era el gran día, o el temido día mejor dicho, el cumpleaños de la tía Eva (nota importante: Eva era hermana de papá, sólo teníamos relación con nuestra familia paterna, ya que la familia de mamá vivía en el extranjero, pero nos llamaban de vez en cuando para saber de nosotros, y sólo los veíamos en algunas de nuestras vacaciones de verano).
Decidí echarle valor al asunto e ir al centro comercial, así que comenté mis planes a mis hermanos, que aceptaron a desgana y se vistieron para después subirse al coche. Les dije que teníamos que comprar un buen regalo a nuestra tía, pero mi objetivo real era estar tiempo juntos, fuera de casa quiero decir. Así que arranqué mi Renault y me dispuse a coger la autovía para llegar a nuestro destino.
Una vez allí recorrimos decenas de tiendas buscando el regalo apropiado, y comprando algún que otro caprichito para nosotros, ya que hacía tiempo que no lo hacíamos, Jorge me miraba asombrado cada vez que “malgastaba” en tonterías, pues siempre fui muy ahorrador y práctico, lo que no sabía mi hermano era de la existencia de una maleta llena de millones de euros, de ahí mi despreocupación.
Por fin en una tienda de antigüedades encontramos el regalo perfecto, un gramófono precioso, para el que no sabe de antigüedades, sirve para reproducir discos antiguos, de los que la tía los tenía a montones, nada más verlo los 3 supimos que era el regalo acertado.
Cuando terminamos de comprar, comimos y más tarde regresamos cansados a casa, Jorge y yo, nos pasaríamos toda la noche ideando la mentira que contaríamos a nuestra familia, podríamos decir que estaba en alguna de sus misiones, pero el tío Claudio estaba al tanto de todas las salidas de papá…¿Qué podíamos decir? Si por otro lado fingíamos que tenía un virus o cualquier otro tipo de enfermedad, ya sea grave o no, sería la Abuela Ana la que vendría corriendo a cuidarle...ya no me encontraba tan alegre como me había sentido tan sólo hacía unas horas con mis dos hermanos paseando y charlando, lo que en realidad estaba era muy asustado y por los ojos de mi hermano, se sentía exactamente igual que yo.
viernes, 1 de abril de 2011
La historia de Daniela Treneib - Capítulo 4 - El Reformatorio (2ºparte)
Después ruido, dolor y oscuridad, me taparon lo ojos no pude ver lo que le hicieron a Cris, pero si sentí su dolor con los gritos de agonía que resonaron en mis tímpanos, mi castigo fue aguantar su sufrimiento con la peor de las impotencias, con rabia. Despertó dentro de mi un odio enorme, desconocido para mí hasta entonces, un odio de venganza.
No les pasó nada, NADA, nada... unas semanas de castigo y poco más. Parecía como si hasta los profesores aceptasen ese castigo para Cris, como si lo mereciese por ser como era, Cris pasó unas semanas en el hospital, luego regresó, como si nada, con una pequeña cojera que ya arrastraría toda su vida. Pero en sus ojos había más tristeza, más dolor que sumar a su lista.
Después de lo de Cris mi actitud cambió, dejé de estar al margen, dejé de mirar para otro lado.
En poco tiempo aprendí que la gente que no te importa es fácil de manipular, ya que no hay sentimientos de por medio y así es más sencillo. Sólo tienes que decir lo que quieren oir en el momento oportuno. Rápidamente me dí cuenta que la gran mayoría de personas están vacías, apenas tienen ideas propias y sus sentimientos son muy básicos, éstos son más fáciles de controlar.
Yo expresaba claramente mis desacuerdos con ciertos tratos de los tutores y con las injusticias, ya no callaba y por ello pasaba alguna noche en la "parte oscura", una pequeña habitación de castigo, vacía a excepción de una pequeña Biblia, "para recapacitar" decían, jamás la abrí.
De vez en cuando montaba alguna que otra revuelta casi siempre por alguna causa justificada o por aburrimiento. Le dí más de un calentamiento de cabeza a los profesores y tutores.
Al cabo de unos meses me hice con el sitio, dejé de ser anónima, dejé de ser una más, era la "Bicha", así me llamaban, me pusieron este mote por el motivo mayor de mi ingreso allí, el suceso con Alicia y los bichitos. Sinceramente este seudónimo no me gustaba, pero no se trataba de eso, cuando en sitios así te ponen un sobrenombre es porque de alguna manera destacas sobre los demás, para bien o para mal. Y yo destacaba.
Así fue pasando el tiempo, años de revueltas, gritos, castigos, peleas... Entretenido y rápido, fue la única forma que encontré de sobrevivir allí de la mejor manera posible, cuando estas ocupado el tiempo pasa más deprisa.
El último año cuando estaba a punto de cumplir la mayoría de edad y salir de aquel sitio, conseguí que cada uno de los que habían participado en la brutal paliza a Cris, recibieran su merecido, cuando regresaron del hospital, yo ya no estaba en aquel sitio. Me imaginé sus caras, lobos hambrientos en busca de su presa, una presa que ya nunca comerían.
No les pasó nada, NADA, nada... unas semanas de castigo y poco más. Parecía como si hasta los profesores aceptasen ese castigo para Cris, como si lo mereciese por ser como era, Cris pasó unas semanas en el hospital, luego regresó, como si nada, con una pequeña cojera que ya arrastraría toda su vida. Pero en sus ojos había más tristeza, más dolor que sumar a su lista.
Después de lo de Cris mi actitud cambió, dejé de estar al margen, dejé de mirar para otro lado.
En poco tiempo aprendí que la gente que no te importa es fácil de manipular, ya que no hay sentimientos de por medio y así es más sencillo. Sólo tienes que decir lo que quieren oir en el momento oportuno. Rápidamente me dí cuenta que la gran mayoría de personas están vacías, apenas tienen ideas propias y sus sentimientos son muy básicos, éstos son más fáciles de controlar.
Yo expresaba claramente mis desacuerdos con ciertos tratos de los tutores y con las injusticias, ya no callaba y por ello pasaba alguna noche en la "parte oscura", una pequeña habitación de castigo, vacía a excepción de una pequeña Biblia, "para recapacitar" decían, jamás la abrí.
De vez en cuando montaba alguna que otra revuelta casi siempre por alguna causa justificada o por aburrimiento. Le dí más de un calentamiento de cabeza a los profesores y tutores.
Al cabo de unos meses me hice con el sitio, dejé de ser anónima, dejé de ser una más, era la "Bicha", así me llamaban, me pusieron este mote por el motivo mayor de mi ingreso allí, el suceso con Alicia y los bichitos. Sinceramente este seudónimo no me gustaba, pero no se trataba de eso, cuando en sitios así te ponen un sobrenombre es porque de alguna manera destacas sobre los demás, para bien o para mal. Y yo destacaba.
Así fue pasando el tiempo, años de revueltas, gritos, castigos, peleas... Entretenido y rápido, fue la única forma que encontré de sobrevivir allí de la mejor manera posible, cuando estas ocupado el tiempo pasa más deprisa.
El último año cuando estaba a punto de cumplir la mayoría de edad y salir de aquel sitio, conseguí que cada uno de los que habían participado en la brutal paliza a Cris, recibieran su merecido, cuando regresaron del hospital, yo ya no estaba en aquel sitio. Me imaginé sus caras, lobos hambrientos en busca de su presa, una presa que ya nunca comerían.
jueves, 31 de marzo de 2011
La Historia de Gonzalo 4ºCapítulo "Sucesión de sorpresas"

La semana posterior a la marcha de papá no fue tan difícil como habíamos esperado, no quiero decir con esto que no lo echáramos de menos, pero creo que en el fondo creíamos, o más bien queríamos creer, que era otro de sus viajes de trabajo, mi padre era un importante guardia civil, su cargo era el de Teniente General, siempre le entusiasmó su trabajo y eso se demostraba por la cantidad de medallas que había conseguido en su larga trayectoria, el único inconveniente para él era el hecho de ser bastante conocido. Además gracias a ser padre “divorciado” no lo destinaron nunca fuera de Asturias, de lo que jamás se escapaba era de las misiones que realizaban en el extranjero. Esos días, semanas y a veces incluso meses, lo pasábamos bastante mal, Jorge se tiraba las horas metiéndose en internet por si había novedades de los misioneros enviados desde España, Ángela con su calendario tachaba los días que le faltaban para abrazar a papa y yo…realmente no era yo cuando él no estaba a mi lado.
Aprovechando los días libres que Rafael me había dado (por supuesto fui yo quién se los pedí, de él jamás saldría que un empleado se tomara un descanso), seguí con mis últimos exámenes, no podía creerlo, casi estaba cumpliendo el sueño de mi vida, ser licenciado en medicina (con especialidad en cirugía)…la idea hace unos meses me ponía los pelos de gallina, pero ahora ya no me causaba la misma alegría, ni por asomo. Todo lo ocurrido en nuestro día a día culminaba con la misma afirmación: No es lo mismo sin papá.
A Jorge lo llamaron de un equipo de baloncesto que no era muy conocido que digamos, pero pagaban una pasta gansa por pertenecer al equipo, Jorge lo rechazó sin apenas pensar, alegando que ese equipo no le gustaba y además jugaban fatal, pero los dos sabíamos que solo seguía el consejo de nuestro padre, primero debía terminar sus estudios.
Ángela, ella era quién nos preocupaba de verdad, en tan sólo 8 días que habían pasado tras la “marcha” de papa, la profesora nos hizo ir dos veces, la primera la consideramos una tontería de cualquier niña de 11 años, por lo visto no quiso salir a resolver un ejercicio a la pizarra, y el motivo, según ella, fue, que no le apetecía, por lo que la profesora no se lo tomó nada bien, la segunda visita, esa si fue horrible, nosotros pensamos todo el rato que hablaba de otra chica, resulta que nuestra hermanita, que siempre había sido tan buena, le había pegado una brutal paliza a Cristian, un niño mayor que ella, pues le dio tantos golpes que cuando vinieron sus padres a recogerlo se echaron a llorar, por su parte nuestra hermana, no tenía ni un solo rasguño. En el fondo Jorge estaba orgulloso de que se defendiera ella sola, pero a mí no me hacía ninguna gracia. La profesora se enfadó aun más cuando le dije que mi padre no podía venir. Por el momento queríamos guardar el secreto, porque de ningún modo íbamos a permitir que nos separaran también de nuestra hermana, puesto que era la única menor de edad.
Al llegar a casa, después de la charla con la señora Rita (profesora dela niña), me di cuenta de que me correspondía a mi imponerle el castigo a Ángela, y tras mucho pensar recordé que mamá siempre escribía un diario, así que puse la habitación patas arriba con la esperanza de encontrarlo, seguro que me daría alguna idea, incluso a lo mejor escribía los castigos que nos había puesto a Jorge y a mí en nuestras fechorías. En el altillo del armario encontré una caja, bastante grande, de piel y de color marrón oscuro, la bajé y la coloqué en la cama, esperé unos segundos, cogí aire y por fin la abrí, pensando encontrar fotos o algún que otro recuerdo…me sorprendí al ver que lo que contenía la caja, cientos de billetes…casi me caí de espaldas, los había de 50, 100, 200, y hasta de 500 euros…no podía creerlo, siempre vivimos de maravilla, asistiendo a los mejores colegios, llevando las mejores ropas, pero papá nos había echó creer que gastaba todo su sueldo precisamente en que viviéramos como una familia bien avenida, sin permitir tampoco que fuéramos mantenidos por él, siempre solía decir: Ninguna familia se sostiene si no colaboran todos los miembros, tanto sentimental como económicamente.
Dejé la maleta dónde la encontré, se me estaban juntando demasiadas preocupaciones así que decidí posponer este “altercado” por unos días al menos.
La preocupación volvió a apoderarse de mi cuando recordé que el cumpleaños de una tía nuestra, Eva, estaba acercándose, y mi familia era de aquellas que se tomaban esta clase de acontecimientos bastante enserio, si falta alguien a alguna fiesta ha de tener un gran motivo, pero bueno, decidí centrarme en estas últimas semanas de exámenes y ya pensaría algo para todo lo que se avecinaba.
lunes, 21 de marzo de 2011
La historia de Daniela Treneib - Capítulo 3 - El Reformatorio (1ºparte)
El reformatorio, re-for-ma-to-rio. Curiosamente lo que menos me gustaba de aquel sitio era su nombre.
Entré en aquel lugar con una bonita lista de cosas malas que una niña no debe hacer, entre otras cosas robo y agresión. Esos cerdos manipuladores mintieron de lo lindo para poder deshacerse de mí.
Recuerdo que sentí estupor cuando entré por esa gran puerta, y es que la fealdad de aquel edificio impresionaba.
El centro (así lo llamábamos) estaba dividido en dos zonas, femenina y masculina, sólo en algunas actividades y en los tiempos libres nos juntaban con los chicos.
Las habitaciones estaban compuestas por dos literas, un par de armarios y alguna silla. Tuve suerte, la habitación 87A tenía vistas al solar, por lo menos no tenia que despertar cada mañana viendo aquel grisáceo edificio.
A las únicas personas que escribí para informar de mi nuevo cambio fueron Tomás y su familia y a mi amiga Ada, tampoco había nadie más.
Con Ada me escribía habitualmente. Tomás y su mujer, y a veces su hijo Julio venían a visitarme, agradecía de verdad cada visita, pero no llegué a decirlo nunca.
Nada más llegar me dieron lo que sería mi segunda piel durante los siguientes años, un uniforme, gris, para no desentonar con la armonía del sitio.
Mis compañeras de habitación no eran malas del todo, por lo menos no conmigo, Susi, Nieves y Reme.
Al principio pasaba desapercibida, era una más, tenia que morderme la lengua a menudo callando ante injusticias tremendas tanto de alumnos como de profesores, pero no iba conmigo, no tenia porque interceder, no quería más líos. Pero como todo en mi vida eso empezó a cambiar.
En los eternos años que allí pasé, conocí a muchas personas, la mayoría no merecen ni una sola línea, pero de entre todos destacó para mi Cristóbal, o como al él le gustaba que le llamasen: Cris. Era un chico amanerado, dulce, servicial, sensible y sobretodo buen conversador.
Hicimos buenas migas desde el momento que coincidimos por primera vez, a pesar de su fragilidad, era un chico valiente, no le importaba mostrar lo que era y no usaba tapaderas, aunque su tendencia sexual le causaba problemas en más de una ocasión.
Usábamos cualquier momento libre para estar juntos. Encontramos un lugar tranquilo semi escondido donde solo había chismes y se podía acceder por una ventana, era nuestra guarida, allí nos echábamos algún cigarrillo que conseguíamos de vez en cuando y charlábamos tranquilamente. Él era diferente, siempre se reía de sí mismo, aparentaba más edad de la que tenía tanto por dentro como por fuera, había tenido una vida dura, pero a pesar de eso, siempre me hacía reír. Era un buen amigo.
Ocurrió un domingo, Cris y yo acabábamos de entrar a nuestra guarida, cuando oímos voces cercanas, estaban entrando a nuestro escondite. Cris y yo nos escondimos detrás de un viejo colchón. Eran cuatro, todos chicos, llevaban tiempo con ganas de pillar a Cris y nos habían seguido.
sábado, 19 de marzo de 2011
La Historia de Gonzalo 3er Capítulo "El parque"

Al salir de la pizzería, seguimos caminando cabizbajos durante al menos 1 kilómetro, deteniéndonos los tres en el mismo punto, y observando todos el mismo lugar, aquel parque…Papá nos había llevado allí desde que mi mente recordaba, observamos el quiosco de las chucherías de la señora Josefina, el gran lago, el almendro del columpio…todo parecía igual que siempre, incluso me atrevería a decir que por ese lago paseaban los mismos patos de antaño, pero faltaba papá, ahora entendía porque mi hermano Jorge dijo que se había acabado cuando leyó la nota, por supuesto que se había acabado, toda nuestra felicidad había llegado a su fin, y costaría años volver a recuperar una pizca de alegría…
Pasadas unas horas, después de mirar y mirar “nuestro “parque sin intercambiar ninguno de nosotros ni una palabra, regresamos a casa, que curiosamente tampoco parecía la misma, que sensación tan extraña y tan melancólica al mismo tiempo, por un momento escuché la voz de papa: ¿Dónde estabais metidos pequeños?, pero solo fue mi cruel imaginación, hasta ella quería hacerme daño.
Acostamos a Ángela, que fingió dormirse (pero todos sabíamos que esa noche nadie dormiría), y seguidamente sin saber porqué fui corriendo hacia el primer cajón del recibidor, mi hermano como leyéndome el pensamiento corrió hacia el teléfono que se encontraba en el salón y me lo puso en la mano, marqué los números con nerviosismo, y cuando solo faltaba pulsar la tecla de llamada, dejé el teléfono en su sitio…
-¿Qué diablos haces Gonzalo? Dijo mi hermano, más asustado que enfadado
-Papá me dijo que llamara cuando terminara mi carrera y aún quedan 3 semanas, creo que deberíamos esperar.
-¿Qué estás diciendo? Marca el maldito número, quizá sea el de mamá. Dijo mi hermano, esta vez pareciendo enfurruñado.
Pero en esta historia yo tenía dos cosas bastante claras: la primera era que papá no nos cambiaría por nada del mundo y mucho menos por mamá, y la segunda es que la persona que se escondía detrás de ese número, no sólo quería ofrecerme trabajo.
viernes, 18 de marzo de 2011
La historia de Daniela Treneib - Capítulo 2 - El comienzo del averno
Tomás llegó pitando en su mugrienta furgoneta como siempre. Salí corriendo y sin decir nada le abrace, como el que se agarra al borde de un precipicio para no caer al vacío, Tomás desconcertado me aparto tiernamente y me preguntó porque lloraba, realmente ni yo lo sabia, solo tenia miedo y me sentía sola, quería ver a mi tía y volver a nuestra rutina, sólo eso.
Tomás se encargo de todo una vez se entero que había pasado con mi tía, estuve con él, su mujer y su hijo Julio unos días hasta que los servicios sociales se hicieron cargo de mi. Recuerdo como si fuera hoy el día que me dijo que mi tía no volvería más, llore, llore y llore tanto que mis ojos se secaron para siempre, ese día mi corazón empezó a endurecer, era solo el comienzo de la roca que hoy tengo dentro de mi.
Me llevaron a un orfanato en el centro de la ciudad, al principio fue raro, apenas había tenido contacto con la gente y de repente vivía en un gran caserón rodeada de personas hasta para dormir.
En el orfanato no me fue mal del todo, hice una amiga, que hoy día sigue siéndolo, Ada, vanidosa y presumida,( y es que era y es guapa a rabiar) pero con una lealtad infinita y un buen corazón. Los profesores eran duros y la mayoría tenían las manos largas, pero no nos trataban mal del todo. La comida era asquerosa, eso sí.
Cuando estaba a punto de cumplir tres años en el orfanato me adoptó una familia, todo el mundo me dio la enhorabuena, Ada lloro bastante, yo no entendía ni una cosa ni la otra, al fin y al cabo era otro cambio más y no tenia demasiadas ganas.
Marcelo y María fueron mis padres adoptivos, y Alicia mi hermana política, y digo fueron porque solo estuve con ellos apenas dos años, Alicia me odio desde el primer día, ella tenía 13 años entonces, era mala, algo rellenita y poco agraciada la verdad, tenia el pelo como una bombona de butano y las orejas grandes y separadísimas. Siempre hacia trastadas y me echaba la culpa después, Marcelo me regalaba casi todas las semanas un par de palizas por su culpa.
Un día nos mandaron a comprar, cuando estábamos en la tienda, el dependiente tranquilo por la confianza que nos tenia entró un segundo al almacén, en ese momento y sin tiempo de reaccionar Alicia alargo su rechoncho cuerpo y cogió 5.000 ptas de la caja que el tendero había dejado entreabierta. Cuando salió nos despacho sin notar nada y salimos hacia casa, al llegar, María hablaba por teléfono, estaba roja, rojísima, al colgar nos pregunto por el dinero y Alicia sin darme tiempo reaccionar empezó a llorar y me culpó, lo negué, pero entonces metió la mano en mi abrigo y saco el dinero.
Estuve varios días sin poder ir al colegio, los suficientes para que los moratones desapareciesen, aunque lleve bastante más tiempo el brazo escayolado. El padre de la “bruja zanahoria” era un bestia.
No me queje, no llore, nunca dije que fue Alicia quien robo el dinero.
Una madrugada me levanté en silencio, debajo de la cama algo me esperaba, un bote de cristal guardaba unas 40 garrapatas y bastantes pulgas, en otro bote había pegamento extra fuerte. Entré en la habitación de Alicia, los bichos hicieron su trabajo en su cuerpo y el pegamento hizo el suyo en su pelo. Esa noche después de mucho tiempo me dormí sonriendo, aunque estuvo mucho mejor aquel despertar con los gritos de dolor de Alicia. Mereció la pena volver a llevar unos meses más la escayola.
Dos días después iba de camino a un reformatorio. Sonreía de nuevo.
Ángela
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